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Perspectiva de desarrollo

Edad preescolar (3–5 años)

Un niño en edad preescolar es maravillosamente imaginativo, conversador y divertido. Por otro lado, también se frustra con facilidad, suele ser testarudo y empeñarse en desafiar los límites que marcan sus padres. Los niños de esta edad suelen preocuparse por sentirse los causantes de la enfermedad de sus padres. Estas ideas equivocadas son el resultado de combinar la lógica asociativa, el egocentrismo, y mezclar fantasía y realidad. Los niños en edad preescolar necesitan el apoyo de sus padres y oportunidades de juego imaginativo para gestionar sus preocupaciones.

Pensamiento preescolar

La lógica asociativa es la creencia de que cosas aisladas pueden explicarse entre sí. Por ejemplo: "Mi hermano quiere un perro porque es un niño". Aunque sea cierto que el hermano quiera un perro, no es porque sea un niño. El pensamiento de un preescolar es egocéntrico. Significa que el niño sólo puede ver las cosas desde su propia perspectiva.

Un ejemplo tangible de esta perspectiva egocéntrica es que si su hijo de tres años está mirando un dibujo en un libro, asume que usted puede ver lo que él ve en esa página, aunque esté mirando hacia otro lugar. Un ejemplo emocional de este punto de vista es que si una llamada telefónica importante interrumpe el juego con su hijo de edad preescolar, él puede quejarse de que usted está siendo malo con él. Él sólo puede entender su comportamiento en relación con él, no como algo independiente de él ni de su experiencia.

Los niños de esta edad tienen una imaginación muy vívida. Entrelazan los hechos y la imaginación para construir historias personales que suelen denominarse "pensamiento mágico", en las que ellos mismos son la causa de lo que ocurre a su alrededor. Por eso, cuando un padre está enfermo, los niños de esta edad suelen pensar que ellos han causado la enfermedad, aunque no haya una lógica madura que justifique esta creencia.

El juego es importante

Todo tipo de juego, pero especialmente el juego imaginativo, es importante para lograr un desarrollo saludable. Tener oportunidades en el preescolar y en casa para participar en este tipo de juego, le permitirá a su hijo trabajar en los retos emocionales típicos de su edad.

Uno de estos retos normales es el deseo de ser poderoso y estar a cargo de diferentes situaciones. No es de extrañar que un niño de esta edad le diga: "Tú no eres mi jefe" al adulto que establece las reglas. Esta es una de las tantas formas comunes en que un niño pequeño desafía los límites para ver si esos límites son constantes. Piense en lo constante que es el mundo físico. Cada vez que un niño deja caer algo, se cae, no se levanta. Las interacciones con las personas son mucho más variadas. A veces su hijo puede quedarse hasta más tarde en el parque y a veces no. A veces puede tomar un helado antes de la cena y a veces no está permitido.

Probar los límites

Los niños pequeños son como científicos que prueban lo que es posible con sus queridos adultos. Cuando las normas cambian constantemente, los límites se prueban mucho más. Cuando las normas son más constantes y se le explica por qué se produce un cambio ocasional en las reglas, es más probable que su hijo siga las normas con menos resistencia.

Tenga en cuenta que los niños con temperamento intenso protestarán más fuerte y durante más tiempo que los de temperamento más flexible. Cuando se enfrente a un niño molesto, recuerde que la sensación de seguridad y confianza en sí mismo de su hijo provienen de enfrentarse a las variadas frustraciones y pequeños obstáculos de la vida, y de aprender que al final se puede disfrutar o, al menos, gestionar una buena segunda opción. Estos pequeños retos experimentados en un entorno de afecto construyen la capacidad de su hijo para enfrentarse a mayores retos a lo largo de la vida.

Consejos de crianza

  • Publique la rutina diaria para que la sigan todos los cuidadores. Recuérdeles cómo los límites y las normas constantes ayudan a su hijo a sentirse seguro, y que cambiar las normas hace que el mundo parezca menos estable. Si a los miembros de la familia que lo cuidan les resulta difícil cumplir con las reglas y el horario, puede publicar lo siguiente: Las pequeñas frustraciones que afronte en mi hogar amoroso me ayudarán a enfrentarme a retos cada vez más grandes en mi vida, y me darán la confianza en mí mismo y la seguridad para triunfar.
  • Piense en sus reglas antes de decirlas en voz alta. ¿Mi hijo puede seguir esta regla? ¿Qué haré si no puede? Utilice las recompensas para ayudar a su hijo a comportarse bien, no para aplacar las rabietas. Por ejemplo, ofrézcale una golosina por cooperar en el supermercado. No diga "No", "No", "No", "Sí", a una golosina en la fila de la caja simplemente porque su hijo esté teniendo una rabieta en el carrito.
  • El momento especial con un padre es una recompensa muy valiosa. Como recompensa por la cooperación, ofrézcale un tiempo especial de 15 minutos enfocado en su hijo sin interrupciones. "Espero que cooperes con ___ para que podamos tener nuestro tiempo especial para hacer ___ después de la siesta". Deje que su hijo elija entre dos opciones de cómo pasar su tiempo especial con usted. Se lo ha ganado.
  • Coloque un cuadro con pegatinas a la vista para que, tanto usted como su hijo, recuerden las mejoras en el comportamiento. Coloque el cuadro en la nevera o en la pared de la cocina. Puede tener una pegatina por cada vez que haya cooperado amablemente en el supermercado o que se haya lavado los dientes cuando se lo hayan pedido. No es la pegatina en sí, sino el entusiasmo repetido de los padres por la pegatina ganada lo que hace que los cuadros de pegatinas sean eficaces.